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miércoles, 12 de abril de 2017

Calçotada 2017 en Alcalá de Henares

Parece mentira, pero ¡ya van veinte!. Con su infatigable labor de hermanamiento de las tierras de Tarragona con Alcalá de Henares y la comarca complutense, Isidre Papiol, auténtica alma mater de la Calçotada de Alcalá, no ha cejado un solo momento en todo este tiempo para mantener la celebración anual en torno al asado de los calçots. Su recompensa es esta 20ª Calçotada (y todas las que han de venir todavía, en los próximos años).

En 2016 se inauguró nueva sede, en el MOMO Sports Club del Centro Comercial La Dehesa. De fácil acceso, junto a la Autovía del Nordeste (A-2), sus capacidades, sus instalaciones y su vocación de acogida, así como la total satisfacción de los asistentes el año pasado, lo han convertido, por el momento, en sede permanente.

Cuando llegamos los comensales, las hogueras ya estaban humeantes,
y el olor de los calçots inundaba el aire.



Las mesas largas estaban preparas con todo lo necesario para disfrutar
de la jornada.





La convocatoria fue para el sábado 1º de Abril, que fue uno de esos días primaverales que a menudo nos regala Madrid, en que a pleno sol se puede estar ardiendo en manga corta pero que más vale tener una rebequita a mano por si una nube lo oculta. Los jardines exteriores del MOMO fueron el escenario ideal para esta tradicional celebración gastronómica. El éxito de asistencia de 2016 ha aconsejado este año organizar una celebración gemela al día siguiente, el domingo 2 de Abril, especialmente dirigida a los amigos del MOMO.

La inscripción anticipada, imprescindible para garantizar que el número de asistentes se mantenga dentro de los márgenes que permiten asegurar el éxito total de la convocatoria, dejaba escoger entre el Menú para Adulto y el Menú para Niños de hasta 14 años. El Menú para Adulto (27€ por persona) era el clásico, incluyendo 20 calçots asados, un segundo plato de butifarra, judías blancas y patata asada, y postre a base de torrijas. El Menú Infantil (8€ por niño) permitía elegir entre pasta con salchichas o hamburguesa con patatas.

Uno de los atractivos del MOMO es que ofrece una ludoteca con monitores, que mantiene entretenidos (y vigilados) a los niños mientras los mayores disfrutan con la celebración gastronómica.

La cita era para la una y media de la tarde, aunque la ludoteca ya estaba en servicio desde el mediodía, para facilitar la vida a todo el mundo. En la mesa de recepción cada comensal recibió un boleto que incluía todo lo necesario para disfrutar de la jornada: tickets para recoger, en modo autoservicio, la ración de calçots, la butifarra con guarnición y el postre (acompañado de una copa de cava), así como un número único para el sorteo que se celebró al final.

Varias mesas largas estaban ya preparadas, incluyendo pan, boles con salsa romesco para los calçots (original de Molí de Pomerí), porrón para el vino y vasos. Durante toda la comida, en la barra hubo servicio permanente de bebidas (cerveza, vino, agua), incluido en el precio, y también facilidades para la reposición, si fuera necesaria, del pan y/o la salsa romesco. Para completar el entorno mediterráneo y tarraconense de la celebración, el vino servido fue el tinto Capvespre (D.O. Catalunya) de los Cellers Domenys.

Con la butifarra se sirvieron también pequeños boles con salsa allioli, elaborada con aceite de oliva virgen Els Vergerars (D.O. Siurana) de la Cooperativa Agrícola de Salomó (Tarragona).



Llegué al MOMO en torno a la una y cuarto de la tarde y, tras recoger el correspondiente boleto, pude ver el espectáculo que ofrecían las diversas hogueras con parrillas llenas de calçots, cuyo aroma inundaba el ambiente. En los siguientes minutos fueron llegando amigos, conocidos y asistentes en general.

Los baberos gigantes son un atrezzo imprescindible de
cualquier calçotada.

Las tejas con los calçots envueltos en papel de periódico, a punto para
su consumo.







Llegó el momento de recoger la estrella del día: la teja con una veintena de calçots asados, envueltos en papel de periódico. Y, por supuesto, junto a los calçots cada comensal disfrutó del tradicional babero gigante. Comer calçots es una actividad con alto riesgo de dejar la ropa del comensal manchada sin remisión, tanto por el carboncillo de brasa del exterior de los calçots como por el clásico efecto hisopo del calçot impregnado de salsa romesco. Por eso los baberos forman parte del utillaje imprescindible para cualquier calçotada que se precie.

Aquí cada cual desplegó sus mejores habilidades y técnicas para pelar y comer los calçots, rivalizando en enfatizar los modos más canónicos y ortodoxos para esa labor. Algunos se atrevieron a beber el vino del porrón en alto, mientras otros preferimos la relativa seguridad del escanciado en vaso. Personalmente, consigo beber sin mucho problema directamente del porrón en alto, pero casi nunca consigo que el corte sea lo suficientemente enérgico como para evitar que las últimas gotas, o el último chorrito, acabe manchando mi pechera.

Merece aquí un aplauso el personal del MOMO, que estuvo todo el tiempo servicial y atento, y consiguió que en ningún momento se formaran colas para recoger los calçots o el resto de platos.

Junto con la torrija (de la que algunos repitieron) se sirvió una copa de cava Les Tres Naus, de Cellers Domenys. Este cava se elabora íntegramente en la llamada Catedral del Vino, una joya modernista erigida en 1918 por César Martinell, en la localidad de Rocafort de Queralt, en la comarca de la Conca de Barberà, provincia de Tarragona.

Tras los postres, Isidre y la organización buscaron una mano inocente para el sorteo habitual. Como todos los años, la estrella del sorteo fueron unas cuantas botellas de 75cl de aceite virgen extra Els Vergerars (D.O. Siurana) de la Cooperativa Agrícola de Salomó.

La mesa de premios, para el sorteo final.

Quien quiso pudo comprar calçots o aceite, para recrear la
celebración en casa.


Manos inocentes, para el sorteo de premios.


Vicente Fernández Fernández glosó el papel del alcalaíno
Manuel Azaña en el Estatut de Catalunya de 1932.

María Jesús Vázquez Madruga glosó la figura de la conocida como
La Doctora de Alcalá.


Para finalizar, hubo un par de breves discursos por parte de prestigiosos historiadores de la comarca complutense, para destacar algunos aspectos del pasado alcalaíno. Por su parte, Vicente Fernández Fernández destacó el papel relevante que jugó Manuel Azaña (nacido en Alcalá de Henares en 1880 y a la sazón Presidente del Consejo de Ministros de España de la II República) en la proclamación del Estatut de Catalunya de 1932.

Luego, María Jesús Vázquez Madruga glosó la figura de La Doctora de Alcalá. María Isidra Quintina de Guzmán y de la Cerda (1768-1803), habitualmente conocida como María de Guzmán, fue la primera mujer que ostentó en España el título de doctor, precisamente en la Universidad de Alcalá de Henares, y la dignidad de académico de la lengua.

Entre las cinco y las seis de la tarde, los asistentes se fueron retirando, tras una jornada de celebración de una tradición gastronómica de hermanamiento entre Complutum y Tarraco.

Quien quiso pudo comprar fajos de calçots de Valls en crudo (para repetir la experiencia de la calçotada en casa) o botellas o garrafas del excelente aceite de oliva arbequina virgen extra Els Vergerars.


Especial agradecimiento merece todo el personal de MOMO que nos atendió, que estuvo perfecto en todo momento en sus diversos cometidos. Y también las empresas tarraconenses que aportaron sus viandas a una mayor gloria de la jornada: Molí de Pomerí (salsa romesco), Celler Domenys (vino y cava) y la Cooperativa Agrícola de Salomó (aceite).

Y una felicitación muy especial a Isidre Papiol, que es el alma mater de esta Calçotada anual, y nunca ceja en su empeño de hermanar las tierras de Tarragona donde nació y la comarca complutense, donde ha vivido buena parte de su vida adulta.

Todo ello confiando, por supuesto, en vernos todos de nuevo en la próxima edición de 2018.

JMBA

jueves, 30 de marzo de 2017

"Patria" de Fernando Aramburu

Sus más de 600 páginas no deberían asustar a nadie. El libro está excelentemente escrito, con mucho mimo, y articulado en más de un centenar de capítulos cortos. Y se lee con fruición.

Como un puzzle gigante, cada capítulo aporta una nueva pieza para ir completándolo. Y el lector va haciéndose una idea cabal y global de lo que supone una sociedad como la vasca, que ha estado durante mucho tiempo dividida, de una forma sangrante, por un (presunto) conflicto que, en su origen, tiene mucho de impostado y bastante de artificial.

No creo que podamos hablar de acción en esta novela. Pero cada capítulo va aportando una mirada nueva a una realidad muy compleja.

La atención se centra en dos familias de un pueblo (innombrado) de la Guipúzcoa interior y profunda, alejadas y enemistadas por un conflicto que ellos no han creado y en el que muchos ni siquiera creen, si no fuera que es muy real.

Con maestría, Aramburu nos va introduciendo en la terminología que la sociedad adopta y acepta, en que unos son de los nuestros, y otros son solamente "esos".

Con la parquedad que caracteriza a la expresión de los vascos, vemos cómo ese conflicto aleja a amigos del alma, pero es mejor que no me vean hablar contigo, ya sabes.

El Txato decide enviar a su hija a estudiar a Zaragoza, para alejarla de todo esto. Y ella ni se atreve a asistir a su funeral cuando lo asesinan, porque hasta el dolor es activista y tiene bandos.

Me sorprendió darme cuenta de que San Sebastián, por muchos de los protagonistas, se concibe como un refugio, un terreno neutral donde el disimulo es menos necesario que en el pueblo. La ciudad grande que todo lo cubre con una fuerte dosis de anonimato.

Todos los caracteres son arquetipos que, a cualquiera que haya conocido el País Vasco y haya tenido relaciones de cualquier tipo con gente de allí, le recordarán a alguien. En los tiempos iniciales de ETA, mi padre tenía muchas relaciones comerciales, y de amistad, tanto en el País Vasco como, especialmente, en la Navarra euskalduna. Y siempre recordaba la frase de una apacible madre de familia que se refería a los asesinos etarras como esos pobres chicos.

Cualquiera que tenga aspiraciones a una vida más o menos normal, debe cambiar de aires y salir huyendo de ese pueblo minado por los odios. Incluso sintiéndose culpable de un pecado que nadie sabe describir.

Un melifluo padre Serapio ilustra el papel, casi siempre dudoso, que tuvo la Iglesia en todo este tema. O Patxi, que regenta la Taberna, sin antecedentes penales, pero que maneja todos los hilos, fuerza todas las voluntades, rige todos los destinos y sabe todo lo que se cuece aquí y ahí.

Patria es un libro que se lee con cierta facilidad y seguro que con mucho interés, especialmente si has visto alguna vez muchas de las cosas que se cuentan en el libro, o muy parecidas, en el Telediario del día. Pero también es cierto que, a menudo, te sangra el alma de ver la impotencia que rodea a todos los actores para cambiar el escenario.

He oído a algunos que, aplaudiendo la obra y la certera reflexión de Aramburu, han manifestado que faltaría una reflexión parecida desde otro punto de vista, o con otra óptica, como si el puzzle que perfila el autor no estuviera completo del todo. Personalmente, creo que los actores principales de ese drama están presentes en Patria. Eso sí, hay una presencia casi sólo sugerida de los que manejan, de verdad, los hilos de la situación. Me temo que otra cosa estaría fuera del alcance de cualquier escritor. Sí es cierto que una reflexión profunda, sincera, a corazón abierto, alejada de la propaganda y los eslóganes, de aquellos que han gobernado la banda en sus diferentes etapas y que han inducido o consentido más de 800 asesinatos, ayudaría a completar el cuadro global. Aunque me temo que eso está más allá de las capacidades de honestidad de esa gente.

Patria es un libro que deberíamos leer todos los españoles (vascos, catalanes, andaluces, gallegos o de cualquier otra parte) porque nos ayuda a entender mejor la realidad de un drama que, con un poco de suerte, a la mayoría sólo nos ha rozado de lejos.

Pero también ayudaría a cualquier ciudadano del mundo a entender cómo germinan en la sociedad esos conflictos, de los que ha habido, hay y habrá muchos, en que todo se articula en torno a una realidad en la que hay unos nosotros y unos ellos. Y de cómo la necesidad de aparentar para sobrevivir, y de sentir el miedo en la piel, acaba corrompiendo la vida de las personas y corroyendo a la sociedad entera.

Patria ha sido publicado por Tusquets Editores (2016) en su Colección Andanzas.

Patria es un libro necesario. Un libro que se merece a todos los lectores del mundo.

JMBA

martes, 14 de marzo de 2017

Vinos de Levante

Todo el Levante español (desde Castellón hasta Almería) es una tierra con fuerte tradición vinícola. En dos viajes recientes (Mayo de 2015 y Junio de 2016) he tenido ocasión de recorrer un poco las provincias centrales (Valencia, Alicante y Murcia), y os iré contando lo que me pareció más remarcable de lo que pude ver y visitar.
Acceso a la finca de Bodegas Mustiguillo.
(JMBigas, Mayo 2015)

Como en otras disciplinas, en el mundo del vino la palabra tradición tiene varios sentidos y, a menudo, dispara las alarmas. Cuando tradición significa historia y saber hacer, el término es positivo, y podemos encontrar artesanos que aman su tierra y el producto que de ella obtienen. Pero cuando tradición significa que las cosas se hacen como se han hecho toda la vida, a menudo significa vulgaridad, cuando no banalidad, y sólo ofrece vinos ordinarios y rutinarios que únicamente sirven para consumo local o para exportación de graneles a otras regiones, para afinar el grado alcohólico u otras tareas menores.

Aunque hay muy honrosas excepciones, las Cooperativas de viticultores están muy habitualmente ancladas a la tradición en el peor sentido. Una falta de liderazgo y de visión, y la resignación a realizar de la mejor manera posible las tareas habituales, provoca que, en general, no resulten atractivas para los genuinos amantes del vino. Crear y producir vinos de calidad exige que, en algún momento, se empiecen a hacer las cosas de otra manera y esto, a menudo, es visto por los copropietarios como una iniciativa demasiado arriesgada. En Levante hay bastantes cooperativas de viticultores, que voy a obviar en este relato, aun sabiendo que, probablemente, esté dejando de lado alguna perlita que podría resultar atractiva.
Bodegas Mustiguillo, cerca de Utiel.
(JMBigas, Mayo 2015)

Es por ello que la mayoría de bodegas atractivas de la región tienen una corta historia a sus espaldas, o han sufrido profundas modernizaciones por parte de las nuevas generaciones familiares. Muchas veces se trata de sabios del sector que lanzan un proyecto nuevo, escogen la tierra adecuada (incluso al margen de la protección que dan las Denominaciones de Origen), construyen la bodega de sus sueños y empiezan a cultivar la viña con ojos y cuidados nuevos, consiguiendo productos diferentes, de calidad y reconocidos a nivel nacional e internacional. Otras veces, hijos de la tierra que se fueron a formar en la viticultura a otros lares, deciden volver y revisar esa vieja bodega familiar, para convertirla en la fuente mágica de productos de calidad, a base de empezar a hacer las cosas de otra manera.


Las provincias extremas (Castellón y Almería) son las más modestas en cuanto a producción y calidad. Ninguna de las dos tiene ninguna Denominación de Origen propia, más allá de algunas IGP (Indicación Geográfica Protegida) para los vinos de la tierra. Así, se tiene el Vino de la Tierra de Castelló, o los del Desierto de Almería, Láujar-Alpujarra o Norte de Almería. Un número reducido de bodegas producen sus vinos en estas zonas, a veces sólo para consumo local, pero también algunas consiguen productos de calidad, reconocidos y apreciados en ciertos mercados nacionales e internacionales.
Edificio principal de las Bodegas Mustiguillo.
(JMBigas, Mayo 2015)

Como curiosidad, la bodega Pago del Vicario, de Ciudad Real, tiene unos viñedos en la zona de la Sierra de Gádor, a 1.500 metros de altitud, en Fondón (Almería), de la que obtienen un número reducido de botellas de excelente vino tinto, comercializado por la bodega bajo la marca 1500h.


La provincia de Valencia tiene dos Denominaciones de Origen: la genérica D.O. Valencia y la más específica D.O. Utiel-Requena. Ninguna de las dos aporta, por sí sola, ningún prestigio especial. Es por ello que algunas de las mejores bodegas de la zona han buscado en los Vinos de Pago una certificación específica de calidad. Aunque es cierto que esta nominación, que cubre sólo una finca y bodega determinada, tiene también sus luces y sus sombras.

En Mayo de 2015 y en Junio de 2016 he tenido ocasión de visitar algunas de las bodegas más singulares de la zona de Utiel-Requena, que se articulan en los alrededores del gran eje viario de la zona, la A3 (Autovía de Levante) Madrid-Valencia. Para el amante del buen vino que visite la zona, la mejor recomendación es visitar, en algún momento, la excelente Bodega-Vinoteca Benito, en el centro de Requena (Plaza Pascual Carrión, 10, coordenadas N 39,490252º  O 1,099903º). A partir de un tradicional Despacho de Vinos, su modernización y adecuación la han convertido en un excelente escaparate de los mejores vinos que se producen en la zona.
Extensión de viñedos frente a las Bodegas Mustiguillo.
(JMBigas, Mayo 2015)

En el área amplia entre Requena y Utiel hay, por lo menos, cuatro bodegas singulares que bien merecen una visita para cualquier aficionado a la enología. La que tiene más desarrollada la oferta de enoturismo (hotel, restaurante, visitas,...) probablemente sea Pago de Tharsys, junto a la N-330, en las afueras de Requena (N 39,498459º O 1,122188º). Yo no he tenido ocasión de visitarla.

La que tiene más nombre entre los amantes de los vinos nuevos y singulares es Mustiguillo. Está ubicada en una maravillosa finca de 87Has, junto a la N-330 cerca de Utiel y camino ya de Teruel (N 39,619620º O 1,254593º). El 15 de Mayo de 2015 tuve ocasión de visitarla, para mi gran placer. La verja de acceso estaba cerrada, pero llamé al telefonillo y me dieron acceso a la zona de la bodega destinada a las visitas, catas y venta. Me atendió, maravillosamente, uno de los responsables de la bodega.

En 2010, Mustiguillo obtuvo el reconocimiento de vino de pago (DOP El Terrerazo). En la finca han reavivado dos variedades tradicionales de uva en la región (la Bobal tinta y la Merseguera blanca) y también cultivan las variedades más habituales en la actualidad. A partir de los olivos de la finca producen, además, un aceite muy remarcable (Calvestra) a partir de una variedad local de aceituna, llamada Piñonera.
Edificio de recepción en las Bodegas Chozas Carrascal,
en San Antonio de Requena.
(JMBigas, Mayo 2015)

Producen un vino tinto y uno blanco bajo la marca Mestizaje. Se trata de muy buenos vinos, singulares, con precios mucho más que correctos en el listón de los 10€. Su Finca Terrerazo, soberbio, es su vino de pago emblemático, mientras que Quincha Corral es su vino de autor más alto de gama.

La bodega es moderna, pero está rodeada de preciosos viñedos, que parecen de exposición por lo pulido de su apariencia.

Otra de las joyas de la zona son las Bodegas Hispano Suizas. Están ubicadas (N 39,466264º O 1,150055º) junto a la N-322, muy cerca de Requena y camino del Parque Natural de las Hoces del Cabriel. Creadas recientemente por tres socios (uno de los cuales es suizo), tienen a gala haber obtenido el galardón de Mejor Cava de España para su Tantum Ergo, varias veces en los últimos años.

De la finca obtienen anualmente del orden de los cinco millones de kilos de uva. Una pequeña parte es seleccionada para elaborar los vinos de la bodega (poco más de cien mil botellas anuales en total, sumando todas las variedades), y el resto se vende a otros productores.
Patio interior de las Bodegas Chozas Carrascal.
(JMBigas, Mayo 2015)

Elaboran dos variedades de cava Tantum Ergo, utilizando las variedades más tradicionales del champán francés: Pinot Noir para el rosado, y Pinot Noir con Chardonnay para el blanco. Bajo la marca Impromptu producen un blanco de Sauvignon Blanc y un Rosado de Pinot Noir, ambos recios y nobles.

Producen asimismo varios tintos, que incluyen los Bassus (un monovarietal de Pinot Noir, un vino dulce natural de Pinot Noir y Bobal y un tinto multivarietal) y el Bobos, un monovarietal de Bobal.

La cuarta bodega singular que merece atención es Chozas Carrascal. Su historia arranca en 1990, aunando la viticultura tradicional con las técnicas y prácticas más modernas e innovadoras. Una cierta culminación de su esfuerzo les llegó en 2012, cuando consiguieron la Denominación de Vino de Pago. La finca está ubicada en San Antonio de Requena, a mitad de camino entre Requena y Utiel (N 39,529956º O 1,123296º).
Bodegas Hispano Suizas, cerca de Requena.
(JMBigas, Junio 2016)

Producen un espumoso muy remarcable (con D.O. Cava), así como una gama de vinos tintos y blancos, utilizando hasta once variedades distintas de uva, plantadas en la finca. Eso incluye las cepas más habituales, pero también las autóctonas de Bobal, por ejemplo. Uno de sus tintos más señeros, Las Ocho, es un multivarietal de Bobal, Monastrell (más propia de tierras alicantinas y murcianas), Garnacha Tinta, Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Syrah y Merlot.



En la provincia de Alicante sólo existe una Denominación de Origen genérica (D.O. Alicante). Yo destacaría, por muy diversos motivos, a tres bodegas.

La primera es la de Enrique Mendoza, que se ha abierto un prestigio propio, asociado a su nombre, en el mercado nacional e internacional. Está situada en los altos de Alfàs del Pi (N 38,570332  O 0,113595), muy cerca de la Autopista del Mediterráneo (AP-7).  La bodega es un proyecto nacido en los años 70, que ha ido evolucionando en el sentido de proponer al mercado vinos de calidad, muy ligados al terruño que los alumbra.
Superficie de viñedos, junto a las Bodegas Hispano Suizas.
(JMBigas, Junio 2016)

Con el subtítulo de viticultor ya se ilustra la vocación muy orientada al cuidado del campo y de la vid, con una orientación científica, primando el control del estrés hídrico de las plantas, y también ecológica, con el uso del compost en la alimentación del campo. Buena parte de esa labor se desarrolla en la Finca El Chaconero, en la zona de Villena.

Entre sus productos, destacan los blancos y tintos monovarietales (Chardonnay, Pinot Noir, Syrah, Petit Verdot, Merlot, Monastrell,...), así como algunos fabulosos reservas producto del sabio ensamblaje de variedades. Muy conocidos son también los blancos dulces naturales a partir del Moscatel de Alejandría, que maridan de maravilla con muchos de los postres golosos tan habituales por tierras mediterráneas. Comercializan el Moscatel de la Marina y el Moscatel de Mendoza, con 10 meses de crianza en barrica. A destacar también un tinto dulce natural, el llamado Dolç de Mendoza, que sólo se elabora en las mejores cosechas, procedente de una sobremaduración en la planta y una vendimia tardía en Diciembre.


La segunda bodega alicantina a destacar, y por razones diferentes, es BOCOPA, en Petrer. Es muy difícil encontrar algún restaurante en toda la costa levantina que no ofrezca entre sus vinos blancos el Marina Alta de BOCOPA, un vino blanco de mesa obtenido a partir de una variedad de uva moscatel. Su suavidad y su atractivo precio lo convierten en la elección ideal para acompañar los platos mediterráneos, sean arroces o variedades de pescado. El Marina Alta es, sin duda, el portaestandarte de la bodega.
Viñas junto a las Bodegas Chozas Carrascal.
(JMBigas, Mayo 2015)

Su catálogo de vinos es muy amplio, y cubre el gusto y los requerimientos de la mayoría de consumidores. Producen algunos excelentes tintos (diversas variedades de Laudum), alguno de los cuales incluso formó parte del Menú de un Banquete Real. También producen blancos de Chardonnay, tanto jóvenes como con algo de barrica. El rosado Terreta es un vino delicioso para beber fresquito, y satisfará a todos los amantes de este tipo de vino.

En Junio de 2016 tuve ocasión de visitar la gran tienda abierta al público que tienen en sus instalaciones de Petrer (N 38,503301º O 0,791890º), junto a la Autovía de Alicante (A-31). Allí ofrecen toda su gama de productos. Sentí curiosidad por una variedad de espumante (principalmente en blanco y rosado, aunque creo que también comercializan una variedad de tinto) que embotellan de forma muy vistosa, con el exterior completamente plateado. Les pregunté por el origen de ese producto, y si era básicamente utilizado para penetrar en mercados poco habituados al vino. Me lo negaron, en base a que parece que esos espumantes tienen muy buen mercado en España.

Viendo mi interés, me regalaron una botella mini de espumante blanco y otra de rosado. Tras probarlas, ya en casa, puedo decir que no me atrevo a llamarlas vino, pero se trata de bebidas alcohólicas de baja graduación (unos 7º) de consumo muy agradable. No me extraña que tengan un cierto éxito popular. Una competencia para la cerveza, por ejemplo. En la práctica, un refresco alcohólico.


La tercera bodega alicantina que quiero destacar es la muy tradicional Primitivo Quiles, en Monóvar (N 38.437480º O 0,829526º). Su apariencia es la de un Despacho de Vinos añejo, muy anclado en la tradición. Sus vinos de mesa me temo que son bastante rutinarios, pero producen el Fondillón que es, muy probablemente, de los más prestigiosos de toda la provincia de Alicante.

Pórtico de acceso a las Bodegas Hijos de Juan Gil,
cerca de Jumilla.
(JMBigas, Junio 2016)

El Fondillón, que únicamente se produce en Alicante, es un vino dulce natural (de unos 18º de concentración alcohólica), utilizando exclusivamente uvas de la variedad Monastrell y criado por el método de soleras. Primitivo Quiles lo comercializa con Solera 1948. Su historia es muy curiosa y se origina en lo peculiar de los contratos de alquiler de las fincas vitícolas en la provincia. Podéis ver los detalles en la Wikipedia.


En la provincia de Alicante se producen algunos excelentes vinos blancos dulces, ideales para acompañar algunos postres mediterráneos. Aparte de los que produce y comercializa, por ejemplo, Enrique Mendoza, destacaría, por su fuerte implantación, el Casta Diva, de las bodegas Gutiérrez de la Vega de Parcent, bodega que nunca he visitado.



Para cerrar el recorrido por los vinos de Levante vayamos un poco más al Sur, hasta la provincia de Murcia. Tierra tradicional de vinos, en Murcia la tradición actúa en contra de la modernidad y de lo apreciado por el mercado. Con sus dos Denominaciones de Origen (Jumilla y Yecla), históricamente se hablaba de vinos recios y más bien bastos, que nada tienen que ver con la viticultura moderna. Pero como es normal, donde hay tradición también hay conocimiento y capacidad de adaptarse, y eso han hecho algunos en Murcia.
Expositor de los diversos productos de las bodegas del
Grupo Gil Family Estates, en la bodega de Jumilla.
(JMBigas, Junio 2016)

Una primera parada interesante puede ser la vinoteca Ad Vinum, en las afueras de Cartagena. Situada en la calle Alfonso XIII con calle Vía Verde s/n, junto a la Farmacia de El Bohío (N 37,644900º O 1,004449º). La ventaja de estar en las afueras es que es relativamente fácil aparcar en las proximidades. Se trata de una tienda moderna y relativamente pequeña, que ofrece, entre otros productos, vinos de Murcia procedentes de alguna de las bodegas más emblemáticas (como las que luego os comentaré) así como vinos minoritarios y de autor, procedentes de proyectos muy ilusionantes pero relativamente modestos, y que puede no resultar nada fácil comprarlos en otro lugar. Como en toda vinoteca que se precie, dejarse aconsejar es el mejor consejo.

En ruta entre Cartagena y Calpe, en Alicante, tuve ocasión de visitar algunas de las bodegas murcianas más señeras. Desgraciadamente, el día escogido (jueves 9 de Junio de 2016) resultó ser la festividad autonómica en la Región de Murcia. Por ello, algunas de las bodegas que había planificado visitar, especialmente en la zona de Yecla, me las encontré cerradas. Las citaré, pero no tengo referencia directa debido a esta mala casualidad.
Viñedos junto a la Bodega Casa de la Ermita, al
abrigo de la Sierra del Carche.
(JMBigas, Junio 2016)

En la zona de Jumilla, un poco más al Oeste que Yecla, tuve ocasión de visitar dos de las bodegas que están poniendo en el mercado algunos excelentes vinos, que han devuelto esta Denominación de Origen al primer plano de la viticultura nacional. La primera fue la de Juan Gil, que forma parte de un grupo empresarial (Gil Family Estates) con bodegas en algunas otras zonas de producción vinícola de España. En Jumilla producen un Moscatel Seco y varios tintos jóvenes bajo el nombre de Honoro Vega. Pero yo destacaría los tres excelentes tintos que comercializan bajo el nombre Juan Gil: dos monovarietales de uva Monastrell (etiqueta amarilla, con cuatro meses de barrica, y etiqueta plata con doce meses de barrica), y un fastuoso y contundente Etiqueta Azul, a base de un 60% de Monastrell, un 30% de Cabernet Sauvignon y un 10% de Syrah, con 18 meses en barricas de roble francés y americano.

La bodega tiene una apariencia de modernidad, a pesar de que fue fundada hace ya un siglo, en 1916. Las últimas décadas han supuesto la introducción de nuevas tecnologías, que les han permitido poner en el mercado estos vinos, que son muy apreciados por el amante del vino actual. Se encuentra situada a unos kilómetros del centro urbano de Jumilla, hacia el Norte (N 38,562961º O 1,350209º), junto a la carretera autonómica RM-A11.


La segunda visita en la zona de Jumilla fue a Casa de la Ermita, posiblemente la bodega más conocida de esta Denominación de Origen a nivel nacional. Se trata de una bodega relativamente grande, con mucha actividad en el enoturismo, gracias a un entorno natural privilegiado. Fue por ello que la encontré abierta, a pesar de ser un festivo autonómico. Se encuentra situada en la zona de la Sierra del Carche (N 38,461447º O 1,175661º).
Edificio principal de la Bodega Casa de la Ermita.
(JMBigas, Junio 2016)

Comercializan una amplia gama de vinos (blancos, tintos, dulces,...). Yo quiero destacar muy especialmente dos de ellos. De una parte el Idílico, un Crianza que es el que ha dado prestigio a la bodega. Se elabora a partir de cepas viejas de Monastrell, de más de 70 años de antigüedad, y Petit Verdot, con 13 meses de envejecimiento en barrica. Para mi paladar, el vino que resulta absolutamente exquisito es el monovarietal de Petit Verdot, con crianza de 12 meses en barricas de roble francés.


En Yecla tuve menos buena suerte, ya que las dos bodegas que pretendía visitar (Castaño, en el propio centro urbano de la población, y Barahonda, en Carretera Pinoso (N 38,586446º O 1,079642º), junto a la RM-424, al sur de la población) estaban cerradas debido a la festividad autonómica. Me sorprendió mucho, porque ambas bodegas presumen en la web de actividades de enoturismo, incluso con restaurante o salón comedor, y los días festivos es cuando más fácilmente se puede tener público para este tipo de actividades.



En ningún caso este repaso por los Vinos de Levante pretende ser exhaustivo, sino que se basa en mis propias experiencias personales y visitas, realizadas en Mayo de 2015 y en Junio de 2016.

Confío en que os haya gustado y que este inventario os pueda resultar de utilidad si decidís realizar alguna visita enológica por la zona.

JMBA

viernes, 10 de febrero de 2017

El Laberinto de la Electricidad

De un tiempo a esta parte, la (presunta) liberalización de ciertos mercados ha supuesto, en la práctica, la obligación para el ciudadano corriente de convertirse en experto en temas que no forman parte de su oficio habitual. Esto es particularmente cierto en tres campos bien definidos: los productos financieros, el suministro de energía y las telecomunicaciones en toda su amplitud (telefonía fija y móvil, Internet, televisión de pago,...).

Así, las conversaciones en el bar tomando un café pueden versar sobre si es mejor o no el mercado libre para la electricidad, si merece la pena la discriminación horaria, si las ventajas de la fibra óptica compensan su coste, si es mejor (o no) la oferta de Movistar que la de Jazztel, o si es (o no) más conveniente invertir en un Fondo de Inversión, o comprar acciones en Bolsa.

Veníamos de unos tiempos en que la regulación estatal de esos mercados era mucho más intensa, y al ciudadano prácticamente le llegaba una oferta clara y simple, en modo lentejas (las tomas o las dejas). Creo que la (relativa) liberalización de esos mercados es un avance, pero no debemos olvidar que nos obliga a un proceso de reflexión y de toma de decisiones, para el que no siempre tenemos la capacidad y conocimiento necesarios, ni disponemos de todos los datos.

En otras palabras, el proceso de liberalización ha cargado sobre el ciudadano la responsabilidad de acertar o equivocarse.

Estos días está en el candelero el tema del precio de la electricidad, que parece haber alcanzado máximos, en lo que se refiere al precio mayorista del Mwh de electricidad. Este debate, en el que se sienten muy cómodos los medios de comunicación, y que es alimentado tanto por el propio Gobierno como por las empresas del sector eléctrico, puede afectar de modo directo solamente a una parte de los consumidores. Parece ser que unos 14 millones de consumidores tenemos establecido un contrato de suministro eléctrico a un precio acordado y, por lo tanto, estanco (al menos en el corto plazo) a las fluctuaciones del precio mayorista. Para otros 12 millones de consumidores, con contratos a precio variable, este repunte sí puede tener influencia directa e inmediata en sus próximas facturas de electricidad.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que el sistema eléctrico es de una considerable complejidad. Y ello, principalmente, debido a la muy limitada capacidad de almacenamiento del producto terminado. Esto obliga a que el sistema esté equilibrado en todo momento, en oferta y demanda. Dado que la demanda es muy fluctuante, tanto en los ciclos diarios de día/noche, en los ciclos semanales laborables/festivos, como en los ciclos anuales de frío/calor, la oferta también debe ser muy elástica, y con capacidad cierta de adecuación prácticamente inmediata al aumento (o disminución) de la demanda de electricidad.

Otro factor de complejidad del sistema eléctrico está ligado a que se pueden utilizar tecnologías muy diversas para la producción eléctrica, con costes por Mwh producido abismalmente diferentes. Hay energías renovables (básicamente eólica y solar) cuya capacidad está ligada a la potencia total instalada y a la disponibilidad, inevitablemente errática, de factores como el viento o las horas de insolación. Las centrales hidráulicas están ligadas a embalses y saltos de agua, y su capacidad de producción está ligada al volumen de las reservas hidráulicas en cada período. Y, en el espectro de mayores costes de producción, están las centrales térmicas (a base de carbón, gas o petróleo, o tecnología nuclear). En todos los casos, las instalaciones de generación eléctrica son muy intensivas en inversión de capital.

En el sector desenvuelven su actividad actores con cometidos diferentes. En toda la cadena de valor de la electricidad, desde la generación hasta su consumo por el destinatario final, podemos distinguir muy claramente cuatro actividades diferentes: generación, transporte, distribución y comercialización.

La liberalización del sector se inició por la Ley 54/1997 de 27 de Noviembre, promulgada por el primer gobierno Aznar. En ella se reconoce que las actividades de transporte y distribución se realizan en forma de monopolio natural. Ello se debe a la conveniencia de la existencia de una red eléctrica física única y coordinada con todas las iniciativas públicas y privadas en temas de planificación y desarrollo urbanísticos. En otras palabras, resultaría absurdo que a un consumidor doméstico le llegara más de un punto físico de acceso al sistema eléctrico. Por ello, la liberalización en estas actividades se limita a garantizar el acceso a la red existente de todos los actores que lo deseen (tanto generadores como comercializadores) en condiciones de limpia competencia. En otras palabras, que la propiedad de una red no garantiza su uso en exclusividad.

Por el contrario, las actividades de generación y comercialización sí se liberalizaron por completo, aunque estas actividades acostumbran a requerir un permiso administrativo o, al menos, un registro.

La Ley de 1997 consagró el conocido como déficit tarifario o, más rigurosamente, costes de transición a la competencia. Básicamente reconoce que el sistema eléctrico debe a las grandes eléctricas un cierto volumen de dinero, que se les irá retribuyendo en las siguientes décadas, en principio, durante quince años, pero no tengo muy claro desde cuándo o hasta cuándo.

El 26 de Diciembre de 2013, esta vez inspirada por el primer gobierno Rajoy, se promulgó la Ley 24/2013, que viene a sustituir a la de 1997. Se trata de un mamotreto de 92 páginas, cuya correcta y completa comprensión está reservada a los funcionarios expertos en el sistema eléctrico y que supone un auténtico jeroglífico para cualquier ciudadano lego en la materia.

Aunque hay actividades económicas internas al sistema eléctrico (como la compraventa de energía en el mercado mayorista), la aportación económica externa al sistema procede únicamente del pago de las correspondientes facturas de suministro por parte de los consumidores finales a las comercializadoras y también, en su caso, de los Presupuestos Generales del Estado.

En otras palabras, el dinerito fresco (procedente de los consumidores que pagamos nuestra respectiva factura eléctrica) sólo llega directamente a las comercializadoras. Y el Gobierno, de acuerdo a las leyes citadas, y a múltiples decretos y órdenes ministeriales, se arroga la responsabilidad de definir la retribución justa del resto de actores del mercado, de fijar cómo se paga, a partir de ese dinerito, a los que desarrollan las actividades de generación, transporte y distribución. Y también cómo se va cancelando el déficit tarifario año a año.

Para ello, cada año el Gobierno define el importe de los peajes de acceso a la red, que deben pagar todos los consumidores, así como otros cargos asociados a la conexión al sistema eléctrico. Existe un peaje de acceso a la potencia, y otro peaje por kwh consumido. Estos peajes se fijan por una Orden del Ministerio de Energía, publicada los últimos días de cada año, en vigor para todo el año siguiente. La Ley fija de qué forma el importe recaudado por estos peajes y cargos se distribuye entre todos los actores del sistema, incluyendo conceptos asociados que no tienen que ver directamente con la generación y distribución de la energía eléctrica. Si queréis haceros una idea del destino detallado de este dinero, tendréis que bucear en la ingente legislación sobre el tema, incluyendo las Leyes y demás desarrollo legislativo (reglamentos, órdenes ministeriales, etc.). Todo ello constituye lo que coloquialmente se conoce como costes regulados.

El peaje por potencia contratada refleja el compromiso del sistema frente a un consumidor, por el que está obligado a suministrarle, en cualquier momento en que pueda ser requerida, potencia eléctrica hasta el límite definido. En otras palabras, el sistema eléctrico debe estar preparado para suministrar en algunos momentos pico hasta la suma de todas las potencias contratadas por todos los consumidores.

La Ley de 1997 derogó un concepto que entonces existía en la factura eléctrica, por un importe próximo al 5%, como ayuda a la industria del carbón. Pero lo sustituyó por un impuesto especial (uno más de los que se llaman impuestos a la fabricación, como los de los combustibles, el tabaco o el alcohol) específico a la electricidad, por un importe equivalente.



El mercado eléctrico en España es, en la práctica, un oligopolio. A pesar de existir del orden de un millar de empresas productoras de energía, más del 60% del total está en manos de los Cinco Grandes del Sector: ENDESA, Iberdrola, Gas Natural Fenosa, Viesgo y EDP (antigua Hidrocantábrico). De la comercialización (facturación al cliente final) más del 90% del total está en manos de estas mismas cinco compañías (o empresas de su mismo Grupo, pues la ley exige separación clara entre las diferentes actividades en el sector eléctrico), mientras que los otros centenares de comercializadoras tienen ámbitos de actuación muy limitados y representan sólo un pellizquito del total de la tarta.

En la actualidad, el proceso de fijación del precio mayorista de la electricidad se basa en subastas diarias, lo que le da una extraordinaria volatilidad. En ella, para una demanda prevista, se van añadiendo suministradores, empezando por los de menor coste de producción, hasta equilibrar oferta y demanda. El precio de la subasta acaba siendo el precio del mayor coste añadido en ese proceso.

En la elevación de precio mayorista que hemos vivido estas últimas semanas han influido varios factores: escasez de viento y de recursos hidráulicos, elevada demanda (ola de frío,...) y un cierto parón nuclear en Francia que provoca que, cuando habitualmente estábamos importando hasta 2.500 kw desde Francia, en la actualidad estamos exportando a Francia una cantidad equivalente, lo que se añade a la demanda interna.

El consumidor doméstico tiene dos posibilidades entre las que debe escoger. Puede acogerse a lo que se llamaba Tarifa de Último Recurso (TUR) y que hoy se conoce como Mercado Libre, en el que se produce un acuerdo entre comercializadora y consumidor para un precio fijo (al menos durante un período, anual habitualmente) por el importe no regulado de la potencia contratada y de la energía consumida. Para un consumidor doméstico estándar, ese acuerdo supone más bien la aceptación de las condiciones propuestas por la comercializadora. Habitualmente, esta opción, escogida por unos 14 millones de consumidores, propone un precio por cada kwh consumido, estable durante, por ejemplo, todo el año. En caso de que el consumidor disponga de un contador inteligente, podrá también contratar discriminación horaria, de modo que el consumo en horas valle resulte más económico que el consumo en las horas pico.

La alternativa para el consumidor es pagar la energía consumida al precio real en cada momento, derivado de las subastas diarias en el mercado mayorista. Parece que unos 12 millones de consumidores se han acogido a esta opción. En el largo plazo, debería resultar una opción más ventajosa para el consumidor, pero el coste puede resultar muy volátil. De hecho, durante un año, el precio mayorista del Mwh, resultante de las subastas diarias, puede tener variaciones hasta de 1 a 5, entre los 20€ y los 100€, más o menos.



* * *

Sintiéndome bastante desorientado por todos estos hechos, decidí dedicar unas horas al análisis detallado de lo que pagué por el suministro de electricidad en mi domicilio en 2015 (el último año que tengo completamente facturado). Cuando me trasladé a vivir a esta casa en 1999, me enganché a lo único que en ese momento tenía disponible: Gas Natural para el suministro de gas y Unión Fenosa para el suministro de electricidad. Con el tiempo, ambos proveedores acabaron fusionándose y, en Noviembre de 2014 me cambié, como comercializadora que me factura a mí, a ENDESA. No me preguntéis los motivos, porque no lo tengo claro. Vino un comercial de ENDESA a casa y me hizo una oferta que me pareció conveniente y acepté.

El gas lo utilizo para la calefacción y el agua caliente, mientras que para todo el resto (incluyendo la cocción) utilizo la energía eléctrica. Esto provoca, lógicamente, una fuerte fluctuación en la factura del gas durante el año, con picos más elevados en los meses más fríos del invierno. Por el contrario, la fluctuación en el consumo eléctrico durante el año es mucho más moderada, como veremos en el análisis detallado que he realizado.

Durante 2014 apliqué algunas medidas de ahorro en el consumo eléctrico. Sustituí muchas bombillas halógenas de 50W por equivalentes LED de 5W, y también reemplacé algún electrodoméstico por otro más moderno y mucho más eficiente energéticamente.

Con todo ello conseguí una reducción del consumo del orden del 20%, pasando de una horquilla de consumo anual en el entorno de los 5MWh a otra en el entorno de los 4MWh.

En el total del año, en 2015 consumí 3.887kwh de electricidad. Y pagué a ENDESA por el suministro eléctrico un total de 962,58€ (todos los impuestos incluidos). La primera cifra de interés, pues, sería que pagué cada kwh consumido a un precio total (peajes e impuestos incluidos) de 0,24764€. O, lo que es equivalente, para verlo en comparación con los precios mayoristas de que se habla estos días, a 247,64€ cada Mwh consumido.

Mi  consumo diario fluctuó entre una media de 9,4 kwh/día en el verano (Julio, Agosto) y los 12,27 kwh/día en los meses más duros del invierno (Enero, Febrero). O, lo que es lo mismo, entre los 2,33€/día del verano y los 3,04€/día del invierno.

El detalle de la factura, más o menos bimensual, tiene cinco conceptos bien definidos:

- Cargo por la potencia contratada. En mi caso, 5,5kw. Seguramente es una potencia muy sobrada respecto al consumo, pero hasta ahora no me he parado a analizar si podría reducirlo algo. Este cargo, a su vez, tiene dos conceptos diferentes:

  a) Peaje acceso potencia. Durante todo 2015 pagué 38,043426€/kw/año por este concepto.
  b) Comercialización energía. Pagué un canon fijo de 0,010958436 €/kw/día. Durante la mayor parte del año me beneficié de la oferta que me hizo ENDESA, un 5% de descuento sobre este concepto.

En el total del año pagué un importe bruto (sin impuestos) por potencia contratada de 210,48€.

- Cargo por energía consumida. También hay dos conceptos diferentes en este capítulo:

  a) Peaje acceso energía. Durante todo el año pagué 0,044027 €/kwh en este campo.
  b) Coste energía. Entre Enero y Julio pagué 0,09594 €/kwh. Entre Agosto y Diciembre me rebajaron algo el precio, a los 0,091339 €/kwh.

En el total del año pagué un importe bruto (sin impuestos) por energía consumida (3.887kwh) de 536,82€.

- Impuesto especial a la electricidad. Supuso un recargo del 5,11269632% sobre la suma de los cargos por potencia contratada y por energía consumida.

En el total del año pagué un importe bruto (IVA no incluido) por este concepto de 38,21€.

- Cargo por alquiler de contador o aparato de medida. El importe, curiosamente, fue variable durante todo el año, en el entorno de los 2-3 céntimos de euro por día.

En el total del año pagué un importe bruto (IVA no incluido) por este concepto de 10,02€.

- Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA). Supone un recargo del 21% sobre el total de los diversos conceptos facturados.

En el total del año pagué en concepto de IVA la cantidad de 167,06€.


La suma de todos estos conceptos supuso la cantidad ya reseñada de 962,58€.



Otra forma de distribuir los costes es el que aporta, legalmente, cada factura, en forma, en mi caso, de un gráfico de pastel. En esta forma, hay tres conceptos:

- Costes regulados. Incluye los correspondientes peajes y otros cargos cuyo importe está fijado por la legislación vigente. He sido incapaz de establecer con claridad cuáles son estos cargos, pero invito, a quien quiera hacerlo, a bucear en la infinita legislación sobre el mercado eléctrico, que está disponible en el BOE.

En el total del año pagué por Costes Regulados la cantidad de 467,48€.

La legislación también define una distribución porcentual de estos costes regulados en tres capítulos diferentes:

  a) Incentivos a renovables, cogeneración y residuos (35,69%): 166,84€.
  b) Coste de las redes de distribución y transporte (34,53%): 161,42€.
  c) Otros costes regulados (29,78%): 139,22€.


- Coste de producción de electricidad: 279,35€.

- Impuestos aplicados (impuesto eléctrico más el IVA): 205,27€.


De esta distribución queda al margen el (pequeño) cargo por alquiler de contador.



Si aplicamos todos los impuestos a cada capítulo de costes, resulta lo siguiente:

- Costes regulados: 594,57€ (61,81% del total neto pagado durante el año).
- Coste de producción de electricidad: 355,19€ (36,93%).
- Cargo por alquiler de contador: 12,12€ (1,26%).


El detalle de las cifras será, por supuesto, diferente para cada consumidor. Pero creo que, en general, podemos afirmar que del total de la factura de electricidad, algo más del 60% corresponde a costes regulados, definidos por la diversa legislación emitida por el Gobierno. Algo menos del 40% corresponde al coste de producción de electricidad. Y queda un coste residual de algo más del 1%, que corresponde al alquiler del contador o equipo de medida.

En mi caso, el coste marginal de 1 kwh que hubiera consumido adicionalmente, incluyendo todos los impuestos, habría sido de 17,80 céntimos de euro (Enero a Julio), o de 17,21 céntimos de euro (Agosto a Diciembre).

Este es el final de mi análisis detallado. Para reducir el coste total de la factura eléctrica anual, un consumidor doméstico tiene básicamente tres caminos:

  - Reducción de la potencia contratada. Habitualmente puede ser posible, con ciertos límites, aunque puede suponer alguna limitación en la conexión simultánea de diversos dispositivos.

  - Reducción del coste por kwh. Se puede conseguir habilitando, si fuere posible, la discriminación horaria, o pasando a precio variable según mercado, aunque podríamos llevarnos, durante el año, algún susto.

  - Reducir el consumo en kwh. Siempre debemos prestar atención a no consumir más electricidad de la que nos resulte imprescindible, evitar la iluminación de espacios deshabitados, procurar la utilización más eficiente de todos los electrodomésticos, etc.

Y que Dios os pille confesados.

JMBA